Me he resignado a que jamás seas mía,
y he llorado infinidad de manantiales.
Gotas corren por la cara mía, anunciando
este desamor que fue frágil.
Me he resignado a que jamás seas mía
y he aprendido a entenderlo, pues sé
que este misterio resolver no puedo.
He olvidado cómo se sentía vibrante y feliz
poder estar, pues esta melancolía tiene
vuelto mi pecho un pajar.
Soy aguja y soy remedio, coso y descoso
cualquier pecho, pero el tuyo ya remendar no puedo.
Hoy te lloro y me desvelo, me duele este desespero,
pero aguantar el sentimiento ni un
poco más tolero.