Pasión de amarte
Prosa
Tus manos son dos pájaros blancos que aún no saben que han de huir de mi pecho. Te miro y el aire se vuelve lira; te nombro y el eco de mi propia voz me devuelve un sonido que ya no me pertenece. Esta pasión que me habita es como una llama que se alimenta de sí misma: arde porque sí, porque debe arder, porque en sus cenizas va el germen de otro fuego. Amarte es estar suspendido en ese instante que precede al abismo, con los ojos cerrados y el alma en vilo, sabiendo que el vértigo no es del vacío, sino de la plenitud. No busco nombre para lo que siento; me basta con sentirlo, y que al sentirlo me deshaga.
---
Soneto
Arde en mi pecho una invisible llama
que ni el tiempo mitiga ni el olvido,
un afán de tenerte siempre asido
que ni el aire sostiene ni la llama.
Tu nombre es un puñal que se derrama
por mis labios en beso no exprimido,
y al callarte, me vuelvo en tu latido,
y al buscarte, me pierdo en mi propia alma.
¿Qué lengua explicará lo que no cesa
si ni el silencio encuentra su respuesta
ni el grito alcanza la quietud que imploro?
Solo sé que al nombrarte me enajeno,
que mi ser es un eco de tu nombre,
y que en no ser de nadie, soy tan tuyo.
---
Décimas
¿Quién me robó la razón?
Fue tu voz, fue tu mirada,
fue tu risa desatada
y tu ausencia, prisión.
Ni el olvido es redención,
ni el recuerdo es ya memoria:
eres tú la vencedoria
de mi fe y mi frenesí.
Y es tan hondo este sufrir,
que hasta el dolor es gloria.
---
Romance
Por los corredores del alma
te busco cuando anochece,
y en lugar de hallar tu sombra,
me encuentro con mi propia muerte.
Tus ojos eran dos fuentes
donde bebían mis nieblas;
hoy son dos lunas vacías
que miran sin que las vean.
Dicen que el amor se gasta,
que hasta las piedras se quiebran,
pero este amor que me habita
ni se consume ni aumenta.
Es como un río estancado
que bajo la tierra sueña
con torrentes y con cascadas,
con espumas y con piedras.
Y aunque no corre ni suena,
yo sé que el agua es tan fresca
que si un día te la muestro,
moriré de su pureza.
---
Alejandrinos
Si yo pudiera hacer que mi alma fuese un verso,
un verso tan inmenso como el mar y la nada,
para encerrar tu nombre con un ritmo diverso
y que al nombrarte, toda la creación temblara.
Si yo pudiera hacer de mi pecho una lira
donde tus movimientos hallaran su sonido,
y el aire que respiras en música se expira,
y el silencio que guardas fuese mi propio olvido.
Pero no sé más arte que el de mirarte y arder,
no sé más ciencia eterna que el vértigo de amarte,
y en vez de darte un himno que pudiera vencer,
te doy este desorden que no sabe nombrarte,
esta pasión que crece sin saber por qué crece,
y este amor que me quema y no lo entiende el arte.
Autor: Augusto Cuerva Candela
País: España, Madrid
Todos los derechos reservados en Safe Creative