“Nadie entra por la puerta
donde no hay puerta”,
dijo el poeta.
¿Solo si soy nadie puedo entrar?
pregunté.
Solo si no eres tú,
sino aquel que ocultas
dentro de ti mismo;
solo si mueres,
siguiendo aún vivo.
Solo si diluyes tu disfraz de turno
y dejas caer las máscaras
que tu espejo ha pintado en tu rostro,
para mirar en la fuente
que eres tú mismo.
Solo si entiendes que la herida
es donde nace tu luz,
o que el dolor
es la madre que te alumbra.
Solo si brota la flor de la conciencia
en el jardín de la experiencia
y matas tu personaje,
antes del final del acto;
solo así
podrás entrar por la puerta
donde no hay puerta.