Arde la palabra en mármol de alborada encendida,
como un dios diminuto que se niega a la caída.
Canta en la grieta del tiempo su fulgor inextinguible,
y hace del polvo un espejo de lo eterno y lo invisible.
Es un río sin orillas que en la sombra se pronuncia,
y en la noche de los siglos su relámpago denuncia.
Teje en la carne del mundo su invisible arquitectura,
donde el verbo se hace sangre y la herida es partitura.
Ni la muerte la clausura ni el olvido la disuelve,
pues en cada voz que nace, la poesía se resuelve.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026