JUSTO ALDÚ

PERMANENCIA DE LA POESÍA

Arde la palabra en mármol de alborada encendida,

como un dios diminuto que se niega a la caída.

 

Canta en la grieta del tiempo su fulgor inextinguible,

y hace del polvo un espejo de lo eterno y lo invisible.

 

Es un río sin orillas que en la sombra se pronuncia,

y en la noche de los siglos su relámpago denuncia.

 

Teje en la carne del mundo su invisible arquitectura,

donde el verbo se hace sangre y la herida es partitura.

 

Ni la muerte la clausura ni el olvido la disuelve,

pues en cada voz que nace, la poesía se resuelve.

 

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