En un juego de ajedrez
no hay tregua.
El azúcar en el agua
se disuelve como los chantajes
y las malas artes,
son polvo y sal.
Entre cada toque de campanas
hay un rayo de sol, punzante,
que advierte que molestas
si derecho caminas,
pero la vida fluye
y el fuego todo lo limpia.