En un rincón del tiempo donde el silencio respira,
nace un camino que nadie ha visto,
un destino lejano,
de esos que no se buscan…
pero te encuentran.
No tiene mapa,
ni señales claras,
solo intuiciones que laten en el pecho
como un tambor suave en la madrugada.
A veces se siente en los ojos cansados,
cuando miran más allá de lo evidente,
como si el alma recordara
un lugar donde nunca ha estado,
pero que le pertenece.
Es un destino hecho de dudas,
de pasos torcidos,
de noches donde el mundo pesa
y el corazón pregunta en voz baja:
“¿vale la pena seguir?”
Y la respuesta no llega en palabras,
llega en forma de fuerza,
en esa pequeña llama
que no se apaga,
aunque todo alrededor se vuelva sombra.
Porque lo lejano no siempre es distancia,
a veces es crecer,
cambiar,
romperse un poco
para reconstruirse distinto.
Y cuando al fin te acercas,
cuando crees haber llegado…
te das cuenta de algo profundo:
el destino no era un lugar,
era la persona en la que te convertiste
mientras aprendías a no rendirte.
22/03/2026