Hybris
Estaba quieta la siesta,
movía apenas el aire
su melena de pastos.
Un chimango bajó,
caminando entre el ripio,
con esa propiedad
de patrón sin campo.
Así te quise.
Así te amé:
como si el amor
fuera un escenario inalcanzable,
como si bastara el abrazo
para que todo quedara.
Te hablé desde arriba,
sin entender
que el viento no responde
a nadie.
Y ahora,
el mismo monte,
la misma tarde,
pero sin vos.
El chimango
picotea lo que queda.
Restos.
Mi némesis.
Sergio Alejandro Cortéz
Villa Dolores, Córdoba, Argentina.