Oh Marina,
a tus pies bailan
los cisnes,
doblando sus cuellos
presurosos
ante tu mirada
hecha de ráfagas y viento.
Ligera pluma y noble vibración
que va tejiendo el aire
de figuras nuevas:
una gaviota rasante,
un lirio danzarin
y el pétalo distante
de una lluvia.
Oh, Marina,
yo pasaría mirándote
en rectángulos vacíos,
solo vos,
dibujando el movimiento
que nos hace felices.
Arqueando las manos
para llegar al aro,
con tu naranjada estrella
de poemas.
Brincando con tu rubia cabellera
que va tiñendo todo
de tu sustancia viva y andariega.
Oh, Marina,
vas detrás de las primeras
estrellas que da a luz la noche,
para saciarte en mañanas.