Siryed Avles

No juzguéis a la rosa

 

No juzguéis a la rosa

cuando muestra sus pétalos marchitos

ante el mundo penosa,

no lo hagáis, señoritos,

pues antaño nombrástelos bonitos.

 

No juzguéis al invierno 

cuya mano, en silencio, nos arranca

todo otrora lo tierno,

una rosa tan blanca,

pues al fin de su encierro desatanca.

 

Sí, juzgad a la mano

fría y cruel que del campo le arrebata,

dulce instante temprano,

para un vaso que la ata:

falta de alma y de ensueño se la mata.