Él venía de un país
donde el sol todavía insiste,
ella de una tierra
donde el cielo aprende a doler.
Venezuela le dio a él
una voz tibia,
Chile le dio a ella
un corazón que aguanta.
Se quisieron entre mensajes largos
y noches que no coincidían,
como si el amor tuviera que esperar
su turno en el reloj.
Pero la distancia fue dejando
migajas de cansancio,
silencios que pesaban más
que las palabras.
Él guardó su risa
en una memoria que arde,
ella escondió su nombre
en un pecho que tiembla.
Ahora se miran desde lejos
sin tocarse,
como dos canciones
en radios distintas.
Porque hay amores
que no mueren…
solo se
quedan
viviendo en la nostalgia.