No se puede detener
a quien ya eligió partir,
ni amarrar su viento libre
cuando insiste en no seguir.
Se va, como se van las sombras
cuando el sol cambia de lugar,
sin mirar lo que deja roto,
sin querer siquiera explicar.
Y uno queda… respirando,
aunque duela cada intento,
porque a veces seguir vivo
es cargar todo el silencio.
Es abrir los ojos cada día
con el alma hecha pedazos,
y entender que lo más duro
no es perder… sino quedarnos.
Porque hay ausencias que no gritan,
pero nunca dejan de doler,
y hay despedidas sin palabras
que nos condenan a permanecer.
G3