Cuando pienso en ti,
sin darme cuenta,
el sol se detiene,
se dibujan sombras en las paredes,
y el aire, cargado de recuerdos,
se vuelve un lienzo
donde tus risas danzan.
Cuando el día se vuelve más lento,
los minutos se estiran como hilos de seda,
la rutina se disuelve
como el azúcar en el café,
y cada latido,
me arrastra a un lugar
donde el tiempo no pasa.
Y la noche, más clara,
es un manto de estrellas
que susurra secretos,
la luna se asoma curiosa
y pinta el cielo de tus ojos,
con un destello que enciende memorias
y pesa como la brisa
en mi pecho.
Ahí,
exactamente ahí,
nace tu nombre,
como el perfume de un jardín
húmedo de rocío,
que eleva mi ser al infinito.
Cuando pienso en ti,
el mundo se reduce
a la esencia de un instante,
y en ese espacio sagrado
mi corazón se adentra,
tatuado por la luz de tu ser,
abrazando el silencio,
de este amor que se desliza
entre palabras no dichas,
y promesas que florecen
en cada pensamiento.
SienaR ©