Me he acostumbrado
a ver la noche lentamente
como quien aprende
el idioma del silencio
como quien deja que el tiempo
respire sin prisa sobre la piel.
La oscuridad ya no me pesa
se posa suave en mis hombros
como un manto de agua tranquila
como un mar que susurra recuerdos.
Las estrellas parpadean despacio
igual que los latidos de lo que extraño
y la luna, cómplice callada
alumbra lo que guardo por dentro.
Me he acostumbrado…
a esta calma que duele bonito
a esta sombra que abraza
a esta noche que me enseña
que también en lo oscuro
habita la paz.
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