Y un día,
escribimos
un sencillo verso.
No es nada para el mundo
que lo haga volcarse de sentido.
Es solo decires abstraídos,
palabras sin ostentación alguna.
Tan frágiles, como un tallo de rosa
que se balancea.
Verso lleno de retiro etéreo,
olvidado en un papel sobre
la mesa.
L.G.