Hoy intenté escribirte otra vez…
no sé si al cielo,
o a ese infinito donde ahora existes.
Porque aquí abajo,
ya no hay forma de encontrarte.
Volví a los sitios que eran nuestros,
y no pasó nada.
Ni siquiera el recuerdo tuvo ganas de quedarse.
A veces creo escucharte…
pero no eres tú.
Es el ruido de algo que ya no existe
tratando de parecerse a tu voz.
Dejo canciones a la mitad
porque hay palabras
que ahora duelen demasiado cuando suenan.
Tu ausencia no es silencio.
Es peor.
Es esa silla que nadie mueve,
ese espacio que incomoda
aunque uno haga como si no lo viera.
Me quedé con cosas sin decirte.
Con momentos que dejé pasar
como si el tiempo no se rompiera de repente.
Como si no fueras a irte.
Miro el cielo sin fe,
solo por costumbre…
como si insistir pudiera devolverte un segundo.
Pero no.
No estás.
Dicen que todo se acomoda con los días,
pero hay pérdidas que no vuelven a su lugar.
Solo se aprende a vivir alrededor de ellas,
con cuidado…
como quien evita tocar una herida abierta.
Si de alguna forma esto te alcanza,
quiero que sepas
que sigues apareciendo en mis días
sin avisar,
que hay momentos
en los que todo pesa más de lo normal,
y que todavía te hablo en voz baja…
como si en algún lugar
aún pudieras escucharme.
Y lo más difícil de todo no es tu ausencia.
Es esto:
que sigo aquí,
intentando soltarte…
y no puedo.
Derechos reservados 21/03/2026
Henry Pumacayo