Apacible
tarde bajo
la parra.
Con una
limonada y
el aperitivo,
hecho de vino.
Grande,
como son tus
racimos, apretados
con un buen
guiso, el
maridaje
perfecto.
Añoro esas
tardes, donde
conversábamos
hasta tarde y
el lucero,
ponía el fin.
Tú a tu
casa y yo
quedaba
dándole
de comer
a las gallinas
el maíz.
(rosi12)