Andando, trastabillé sobre la acera de un mar de gente; iba junto a mi amor bajo los rayos iridiscentes y entramados del sol sobre las ramas de los árboles.
Caminando en las veredas ante la atenta y dura mirada de maniquíes en vidrieras de locales llenos de gente, donde el cliente busca al vendedor, y el vendedor, quién sabe,
se pierde entre la gente.
A media cuadra, un hombre parado sobre una tarima, con altoparlante en mano, audaz y locuaz, legitima el precio de moneda extranjera. Entre marañas de telas y mareas humanas parlantes al textil oferente, se ensaña la gente en ofertas y modas.
Mientras mi mirada se pierde en el punto de referencia, que es ella; sobrevuelo donde no hay duelo ni tristeza sobre un sábado invernal de experiencia comercial; también comensal y consumista.
Pasan las horas, pasa el día, pasa volando sobre pista de ropa que arropa un día de amor y melodía junto a ella, junto a mi vida, y tiendas que es la avenida.
Jaher