Mari.o

DE FUNCIONES Y OTROS DELICIOSOS SUCESOS SIN IMPORTANCIA

OTRA FUNCIÓN


Esperando en el semáforo, fuma mientras la luz ámbar ilumina su rostro. Levanta el antebrazo y mira su reloj. Ya es hora—se dice a sí mismo. Comienza a caminar por la avenida atestada de letreros y carteles luminosos de teatros, cines, casinos y cabarets. Es un viernes de verano y el calor envuelve a Jacky, quien avanza mientras va secándose el sudor con su pañuelo oliva. 

Mira atento entre los muros de vidrio buscando un nombre. Entra al cabaret del Nene Marquez, y le hace señas con el ojo. Abran paso— se escucha gritar al Nene Marquez en medio de la turba. —¡Jacky, Jacky! ¡Pasa por aquí! Y Jacky con gélida voz le responde al Nene —he venido a buscarla. De acuerdo—replica el Nene en el mismo tono. Tendrás que mirar la función de esta noche, luego la irás a buscar a su camerino—le advierte.  

Jacky entra al recinto. Se sienta en el ala preferente y comienza a rumiar. No le interesa el show hasta que anuncian el número de Ramona. Entonces en medio de la cuchufleta de la turbamulta, estalló una especie de rapsodia acompañada de pianos, percusiones y trompetas. Jacky no para de fumar. Se arregla el saco, se acomoda los anillos y el flequillo. Vuelve a mirar su reloj. Espera mientras la oscuridad y las luces del escenario le dibujan un antifaz en el rostro. Bebe su vaso de leche, se levanta y se dirige al camerino. Aguarda en el clóset cubierto de colas de zorro, pieles leopardas y atigradas. Afuera todos aplauden a Ramona. Ha sido esta noche la gran estrella. 

Ramona entra a su camerino entre aplausos . Se sienta frente al espejo de bombillas y se desviste; el terciopelo resbala por su espalda hasta las piernas. Jacky observa sin pestañear. Cuando ella cierra los ojos para limpiarse la cara, una mano le toca el hombro. Aterrada, apenas suelta un suspiro. Camina—ordena Jacky mientras le presiona la espalda con sus dedos en forma de pistola. ¿Dónde está mi encargo?—le pregunta. No lo sé, Jacky. Se lo han llevado—responde Ramona asustada. ¿Dónde está mi encargo? No lo volveré a preguntar—contesta en voz alta. Te digo que se lo han llevado. Vino un tipo extraño, registró todo, me amenazó y se fue. ¡Por favor, Jacky! ¡No me hagas daño!—se escucha a Ramona realmente asustada. De acuerdo—responde Jacky—no te haré daño, pero vendrás conmigo. ¿A dónde me vas a llevar? No quiero ir—objeta Ramona. Te guste o no, vas a venir conmigo. Íremos a recoger mi paquete—dijo Jacky con firmeza. 

Ambos se dirigen a la puerta trasera alumbrada por neones, y vigilada por gatos callejeros y vapores que reptan. Al salir surge una voz: ¡Jacky! ¿A dónde vas Jacky? No puedes irte tan pronto—se escucha decir. ¿Quién eres? Da la cara cobarde—grita Jacky desconcertado. ¿No me reconoces?—vuelve a preguntar. ¡Ah! Eres tú, Nene. ¿Qué quieres? Tengo que irme—le responde. Yo he robado tu paquete—le confiesa. Lo he robado, y ahora quiero que te marches y sueltes a Ramona. Ella debe volver a la función. Jacky aprieta el pucho con los labios, lo escupe, y una navaja corta el aire con un chasquido. Te estaba esperando así—se escucha decir al Nene Marquez—. Ambos se miran fíjamemte, sacuden los brazos, se abalanzan y tan solo un zarpazo ha bastado para poner de rodillas al Nene Marquez. Jacky toma a Ramona, la sube al auto y conduce hasta el hotel Rojo. Esperan que abra el ascensor, se meten, comienzan a subir. Jacky toma el paquete y ordena a Ramona que lo abra. ¿Qué es esto, Jacky?—pregunta ella asombrada. ¡Ábrelo!—ordena Jacky. Entonces Ramona abre el paquete: Tira de los hilos y el pegamento. Retira el envoltorio y solo hay una nota en papel grueso que parece una invitación. Ramona abre la nota y lee: «Sí hemos llegado hasta acá, prepárate para la siguiente función (!)». El ascensor suena, otra habitación los espera. Ambos se sonríen.

***

JACKY... JACKY... JACKY


«Es más de medianoche, estás del otro lado de la cama aún soñando en no sé que cosas»—resuena mi soliloquio. Me levanto y observo su cuerpo a través del blanco de las sábanas. Me visto la bata, me sirvo un trago y coloco la aguja sobre un disco de Stan Getz. Bebo otro sorbo y me detengo a mirar de nuevo entre los bordes de la persiana. Volteo a buscarte otra vez, pero ya no estás. Creo que te has ahogado ahora, así, completamente; o quizá te estás duchando o peleándote con el servicio. 

Jacky se vuelve a acostar, dejándose caer de espaldas. Posa las manos sobre la nuca, fija la vista en la luz de la lámpara e intenta apagarla con alguna clase de telequinesis que aprendió en un manual sobre psiquismo. Recuerda que debe fumar, se palpa los bolsillos y entonces llama a Ramona. ¿Tienes más cigarrillos?—pregunta. Creo que hay otro paquete en mi bolso—contesta amablemente. Jacky registra el bolso en busca del tabaco, encuentra un pequeño revólver. Mira el revólver con atención, lo sopesa y lo devuelve a su sitio en cuanto escucha a Ramona salir de la ducha. Jacky no dice nada, mantiene la vista clavada en el bolso, atento a cualquier movimiento en falso. 

Ramona se anuda la toalla a la cabeza, se perfuma y retoca su maquillaje. Va hacia su bolso, saca un cigarrillo e inmediatamente Jacky le alcanza el mechero. ¿Por qué llevas un revólver en tu bolso?—pregunta Jacky a Ramona. Las calles son peligrosas y abundan los patanes—responde con sinceridad. ¿Y yo soy un patán?—pregunta Jacky. No, tú eres como algo lindo que se dice en un momento donde hacen falta caricias, pero que no vuelve a decirse jamás. A lo mejor.... Creo que no me entiendes—responde Jacky—. Esta noche te he raptado, te he robado inocencia, te he presentado al hombre o tal vez, es que te he hecho mía a la fuerza. 

Ramona calla un instante, y luego le contesta con suavidad: — A lo mejor tenía que ser así. Tenías que tomarme y traerme hasta tu habitación para decirme cosas que nadie me había dicho nunca. Desvestirme con la emoción de un niño. Eres un tipo raro, Jacky. Creo que nunca duermes, ¿cierto? Ríes en lo impensable y eres serio a la vez. ¿Qué clase de combinación es esa? ¿O eres serio o eres risa? No se puede ser los dos. Aún así, creo que te comprendo. Gracias por todo. Al final, te has convertido en un héroe—finaliza Ramona, que toma el revolver y se apunta a la cabeza. ¡Nooooo!—se escucha gritar a Jacky en un último intento desesperado. 

Al ver a Ramona perder la vida, un nudo le arrebata el aliento. Abre la ventana y, como pez fuera del agua, se zambuyó en el aire. No se dio cuenta que la otra mitad de su cuerpo también estaba asfixiandose, por lo que de igual manera quería meterse al aire. ¡Plaf! Se acabó.