En un mundo de monstruos caminé sin espada,
con el alma desnuda y la mirada cansada,
donde el miedo susurra en cada esquina oscura
y la verdad se esconde tras máscaras de locura.
Vi gigantes de orgullo devorando bondades,
sombras hechas de envidia, reyes de falsedades,
corazones de piedra latiendo en el silencio,
y risas que ocultaban un profundo desprecio.
Pero en medio del caos, donde todo perece,
una chispa pequeña, casi muerta, aparece,
no ruge, no destruye, no busca dominar,
solo insiste en silencio… en no dejar de amar.
Porque incluso en la noche más fría y profunda,
donde el odio gobierna y la fe se derrumba,
hay un monstruo distinto, difícil de encontrar:
el que lucha por dentro… para no ser igual.
Y fui ese extraño ser en tierra condenada,
no el más fuerte, ni el más temido en la nada,
pero el único que, sin garras ni voz,
eligió ser humano… en un mundo feroz.