Eliana Elizabeth Perez

Capítulo 1 — El lugar donde dolía

No fue de golpe.
El dolor no llegó como una tormenta, llegó como una presión constante, silenciosa, instalada en la garganta y en el estómago. Como algo que no se iba, aunque yo siguiera con mi vida.
 
Este no es un libro sobre él.
Es un libro sobre lo que me pasó por amarlo.
Sobre lo que me pasó por quedarme donde no había un lugar claro para mí.
 
Me enamoré sin darme cuenta. Sin planes, sin defensas. Me enamoré de los gestos, de las palabras que parecían promesa aunque nunca lo fueron. De esa sensación de cercanía que no se sostenía en el tiempo, pero que alcanzaba para encender algo adentro.
 
Yo sentía profundo. Siempre sentí así. Y durante mucho tiempo pensé que eso era el problema.
 
Aprendí a esperar.
A leer silencios.
A conformarme con migajas de presencia mientras mi corazón pedía hogar.
 
Había días en los que me sentía elegida y otros en los que no sabía ni qué lugar ocupaba. Esa ambigüedad fue desgastando algo en mí. Empecé a dudar de mi percepción, de mi necesidad, de mi forma de amar.
 
El cuerpo lo supo antes que yo.
La garganta cerrada.
El estómago revuelto.
El cansancio emocional de sostener sola algo que necesitaba de dos.
 
No era falta de amor.
Era falta de reciprocidad.
 
Querer no siempre alcanza. Y entender eso fue una de las verdades más duras que tuve que aceptar.
 
Este capítulo no termina con un cierre perfecto.
Termina con una decisión:
la de empezar a elegirme.
 
Aunque duela.
Aunque tiemble.
Aunque todavía no sepa cómo se sigue.
 
Este es el lugar donde dolía.
Y también, el lugar donde empieza todo.