El ángel se volvió a sentar. Parecía que el tiempo no le importaba, o que tenía todo el tiempo del mundo para perderlo conmigo. Sacó un paquete de cigarrillos imaginarios y me ofreció uno con un gesto de la mano.
—Esa mujer —dije, y el nombre se me quedó trabado en la garganta como un hueso de durazno—. Me dolió más que si me hubieran arrancado un brazo. Todavía hoy, cuando escucho un saxo alto o veo llover sobre los techos de zinc, siento ese tirón en el pecho. ¿Para qué sirvió tanto desorden?
El ángel se rascó la oreja, como si el recuerdo le diera picazón.
—Te sirvió para no ser de cartón. Mira, el desamor es como el carrusel al que suben los chicos: crees que vas llegando al Cielo, pero de repente el caballito te tira abajo y terminas en el suelo. Vos la amabas como quien lee un libro por primera vez, subrayando cada párrafo con la lengua. Y un día ella cerró el libro. ¿Y qué? ¿Vas a culpar a la literatura?
—Es que me siento un tonto por haber creído —insistí.
—No seas un fanático\". Los fanáticos anotan todo en libretas y no se equivocan nunca, pero no saben lo que es un beso en un zaguán. Ese desamor fue tu mejor error, porque te enseñó que no eres el dueño de la luz de nadie. Te dejó roto, sí, pero es por las grietas por donde entra el sol, ¿no te diste cuenta? Si no te hubieran dejado, seguirías siendo ese tipo gris que no sabía que podía sangrar poesía.
Se hizo un silencio largo, de esos que huelen a lluvia vieja. Luego, el ángel señaló hacia la ventana, hacia esa luz incierta que empezaba a lamer el borde de los edificios.
—Ahora, el mañana —dijo con voz de contrabajo—. No me preguntes qué va a pasar, porque el mañana no es un destino, es un ajedrez sin reglas. Lo que sacamos en limpio de esta charla es que mañana vas a ser el mismo, pero con más \"swing\". Vas a caminar por la calle y vas a ver que la gente no son personas, son posibilidades.
—¿Y si vuelvo a fallar?
—Vas a fallar. Es una certeza matemática. Pero la suma de tus errores de ayer es el capital con el que vas a apostar mañana. La vida no se trata de no caerse, sino de caerse con estilo, como si fuera parte de una danza que nadie más entiende. Mañana es ese disco de jazz que todavía no escuchaste: no sabes qué nota viene después, pero confías en que el músico sabe lo que hace.
Se levantó de nuevo, esta vez de verdad, y me despeinó como se despeina a un hermano menor.
—Vete. El mañana ya es hoy y vos todavía estás aquí preguntando por el ayer. Salí a la calle y busca ese azar que te está esperando a la vuelta. Y si ves a una mujer con ojos de inocencia, no le preguntes nada. Simplemente, camina a su lado.
\"La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose.\"