Duele, no hay palabras
que enciendan la chispa
de un recuerdo,
cada suspiro se agota,
como el ocaso que quema,
deja en mi pecho
la ceniza de la ilusión,
donde los sueños vuelan,
como aves perdidas,
buscando una estrella
que las abrace en su luz.
Pero todas están llorando,
las cabezas inclinadas,
la noche empañada,
sumida en lamentos,
mientras la luna se oculta,
triste amiga,
reflejo de mis anhelos,
observa con ojos de plata
el desgarrador paisaje
de mi alma al descubierto.
Las olas,
ya no llegan a la orilla,
se disipan en el viento,
rompiéndose contra las piedras,
perdiendo la canción de la marea,
que solía acariciar
mis esperanzas.
Y aquí estoy,
en medio de la tormenta,
con el corazón navegando
entre mares de silencio,
donde el eco de un adiós
se convierte en un mantra,
que me arrastra
hacia las profundidades,
hacia el dolor que no cesa.
Duele, profundo
y mientras el mundo gira,
mi alma se aferra
a las sombras que quedan,
esperando un nuevo amanecer
que despierte las estrellas,
que rompa el llanto
y me devuelva
a la orilla de lo posible.
SienaR ©