El portaaviones avanza. Dicen que van a proteger.
Él recuerda a su madre, el pan, el trigo recién cosechado.
Mira sus manos: no parecen hechas para matar.
Al otro lado del mundo hay hombres que no conoce.
También tienen familia.
Un avión despega.
Entonces entiende: ni el petróleo, ni todo el dinero del mundo explican por qué debe disparar.
Y por primera vez, obedecer le parece traición.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026