Carlos Andrey Vargas Araya

Florece Mary

Te nombro en silencio, como quien reza
cuando la noche pesa más que el alma,
y en la penumbra tibia de mis versos
quisiera darte luz sin pedir nada.

Te inmortalizo así, no por orgullo,
sino por la ternura que te falta,
para que Dios te encuentre en cada línea
y te devuelva el pulso de la calma.

No quiero que te lluevan los halagos
que el viento lleva y nunca se arraigan,
quiero que sientas hondo ese cariño
que tu pecho en secreto reclamaba.

Que no te sientas sola entre la gente,
ni extranjera en tu propia madrugada,
que alguien pronuncia tu nombre con cuidado
y en ese acto, tu herida se desangra.

Si hay demonios velando tus insomnios,
que estos versos los duerman sin espada,
que aprendan a soltarte lentamente
como hojas que el otoño ya no abraza.

Y aunque tu mundo sea ajeno al mío,
y nuestras rutas nunca coincidan,
te quiero libre, plena, sin la sombra
que en tus pupilas quietas se adivina.

Me dueles, sí… sin lazos de sangre,
como duele la lluvia en casa ajena,
porque en tu mirada vive un invierno
que ni el sol más valiente descongela.

Por eso escribo, no para tenerte,
sino para que un día, cuando leas,
descubras que en el fondo de tu abismo
también florece amor,lo que tanto anhelas.