El sol ocultándose.
Una golondrina mirando
de frente.
El patio sintiendo
mis pisadas firmes y dalias
hermosas adornan la tarde.
En la taza mía, el tilo humeante.
Y la golondrina mirará mis manos,
creyendo que guardo su nido
bendito.
Y muy despacito...
pasará otra tarde.
L.G.