~ * ~Sinopsis:
~ * ~Lluvia cocina tan excelente si ella posee la sazón del amor en cada manjar que prepara en la cocina hasta que un día llega por locura y ella se envenena a sí misma…
Lluvia es la gran dama de la cocina como “chef” en la mansión de Los Kinai. Lluvia es una mujer de ojos claros como el sol mismo. La cocina de Lluvia donde ella prepara los más ricos manjares de cocina es una cocina rústica, atípica y muy antigua. La cocina posee unos cuadros de cocina elaborados por el pintor La Llave Itálica como es el pseudónimo del pintor clásico de nombre Malmey. Malmey dibujó perfectamente cada cuadro elaborado en camba con pintura exótica creando un dibujo perfecto de cocina clásica. Lluvia calma en redención su autómata voz cada vez que alguien en la mansión de Los Kinai pide un manjar para que ella lo cocine. Los jóvenes que son hijos de la dueña de la mansión Los Kinai son locos con Lluvia pidiendo manjares y que ella cocina en su cocina rústica y antigua en la mansión. Lluvia no enreda compasión con hipocresías si ella es tan natural como la misma lluvia que desciende desde el mismo cielo. La lluvia para Lluvia es agua y agua es vida cuando en el albergue de un todo la lluvia moja sus sentidos y a su solo corazón en entrever que la vida es grande e inmensa como el sol mismo en el cielo. La lluvia perece y es autónoma en caer de forma vertical del cielo al suelo y ella se dice que es así como el mismo tormento o como la lluvia más esporádica y más fina de todos los tiempos. Lluvia es una dama exacta y completa cuando en su afán de creer en la vida sólo cocina y pierde todas sus penas y dolores sólo observando y cocinando manjares exquisitos y exóticos para la mansión Los Kinai. Lluvia cocina “gourmets” sólo para los tres jóvenes de la mansión Los Kinai. La cocina huele a grasa y a fritura, a tiempo y a corazón roto, compungido, desolado y de una fuerte soledad. El delantal de Lluvia lo tiene limpio e impoluto si ella dice que una cocinera debe de ser limpia e impoluta en tal grado de satisfacción y todo porque trabaja con alimentos. El día domingo es un día de la semana y ella comienza a elaborar el manjar más exquisito de todos los días que es un plato “gourmet” o tropical y del Caribe y es pollo guisado con papas al horno y arroz blanco con tocino. El lunes adquiere el conocimiento, el sabor y la sazón de Italia cuando cocina pasta a la milanesa con pollo hervido con ensaladas de lechuga, tomate y zanahoria. El martes ella cocina y prepara “sushi” con verduras de malanga y ensalada. El miércoles el suculento manjar es de calzone relleno con pasta a la milanesa en su interior. El jueves es un rico y suculento manjar de cebollas caramelizadas con miel y con carne de mechar, arroz con garbanzos y ensalada. El viernes realiza el suculento “gourmet” de unas ricas habichuelas guisadas con arroz blanco y carne de puerco. Lluvia el sábado cocina una “corned beef” con amarillos fritos y arroz blanco. Lluvia es la cocinera predilecta de la mansión Los Kinai cuando encrudece de espantos porque si su infernal pasado regresa a ella dejará de cocinar así, se dice Lluvia. Lluvia es una dama de ojos color castaños como el mismo claro sol del día, pero, ella es Lluvia y la lluvia es lo contrario a todo sol. Lluvia tiene un pasado nebuloso con el amor de un hombre que ella dice que nunca regresará a su vida, desde ese entonces ella juró que nunca más tendría a otro amor como aquél que la enamoró, la sedujo, le brindó pasión hasta que la dejó por otra mujer. Lluvia con ojos claros de sol siempre vio entre sus ojos caer verticalmente a la lluvia. Lluvia, con deseo de ver y observar el sol, sólo, siente y presiente un torrencial de lluvia caer desde el cielo desde que ése hombre la abandonó. Lluvia, en la cocina rústica y antigua, es la dama del manjar exquisito y exótico que ella elabora como cocinera en la mansión de Los Kinai. Lluvia intercede como toda dama a brindar el mejor servicio de cocinera con la sazón del amor que la caracteriza. La sazón del amor es un sazón hecho de culantro, achiote y sofrito elaborado en la mansión para sazonar a los manjares que elabora Lluvia como la cocinera en la mansión de Los Kinai. La sazón del amor de Lluvia se torna bueno, exquisito y excelente porque ella todo lo hace con amor.
Lluvia es toda una dama de la cocina. Ella elabora los manjares más ricos para ésos tres jóvenes de la mansión de Los Kinai. La vida enternece, se encariña y ofrece todo el amor como toda madre a ésos tres jóvenes de la mansión de Los Kinai. Los jóvenes, también quieren y aman a Lluvia como una nana que les canta una canción de cuna desde que los conoció por llegar a laborar en la mansión. Lluvia ama indeleblemente a ésos tres jóvenes y les ofrece el suculento manjar más exquisito de todo tiempo, pero, si llega a regresar su pasado dejará de cocinar por siempre. Lluvia con lluvia en los ojos todas las noches se debate entre un buen y un mal recuerdo cuando su vida sólo recuerda a aquél hombre que la amó, pero, que la abandonó a su suerte. La vida para Lluvia encarece, se distrae y aprisiona a sus propios ojos claros de sol con la lluvia como cascada de manantial que cae verticalmente entre sus lindos ojos. Lluvia, todas las noches, edifica, petrifica, atormenta inestablemente a su propio corazón sin poder distraer, pensar o imaginar en otra cosa. La sonrisa de Lluvia ha desaparecido por siempre desde que ese amor la abandonó a su suerte irrumpiendo en un cruel destino para poder olvidar todo su pasado, pero, aún, no lo logra. Lluvia en su habitación perpetra, petrifica, piensa e imagina si todo hubiera cambiado, si el amor hubiera sido fructífero, en paz y con mucho amor. La vida de Lluvia hubiera sido más saludable, con amor, con hijos, con un hogar y vivir en paz con ése hombre que ella amaba. Lluvia y la lluvia en sus ojos no la dejan vivir, la mortifican y tiene una pena que es como una condena, como una sentencia a cadena perpetua desde que él se marchó de su vida. La vida de Lluvia cae en retrospección cuando hoy es domingo y no sábado. Ella cocina un suculento manjar que es un plato “gourmet” o tropical del Caribe de pollo guisado con papas al horno y arroz blanco con tocino. Los tres jóvenes regresan de sus labores deportistas en prácticas como “volleyball”, “baseball” y “soccer”. Los tres jóvenes se deleitan en zampar y engullir un plato “gourmet” elaborado por las lindas manos de la cocinera Lluvia. Lluvia está contenta, enamorada de la vida, a gusto con su trabajo, pero, decepcionada en la vida por un amor que se fue y que la abandonó para siempre. Lluvia teme algún día que su pasado resalte o que se revele a la luz y que en la mansión de Los Kinai puedan saber de toda su pasado en verdad. La vida atormenta como es tan funesta e irremediable en descifrar que su cometido es siempre penetrar el daño en el corazón. La cocinera Lluvia se deleita y enfrasca la comitiva en hacer en realidad un suculento manjar y que es un plato “gourmet” o tropical del Caribe de pollo guisado con papas al horno y arroz blanco con tocino. Hoy es domingo y Lluvia no descansa, no se detiene ni para en la mansión Los Kinai haciendo camas, limpiando, barriendo y hasta haciendo el suculento manjar que deleita a los tres jóvenes de la mansión Los Kinai. La vida de Lluvia atemoriza con enredar y revelar todo un pasado cuando el amor la dejó maltrecha, desdichada e inestablemente adolorida. La vida para Lluvia fue una vida fuerte en el afán de abandono total cuando el amor se fue lejos petrificando la espera inesperada de que ése amor regresara a ella. La lluvia cae en redención en la tarde de ese lindo día domingo cuando los jóvenes regresan de sus “hobbies” cuando deciden todos entrar al comedor para zampar el suculento manjar que preparó Lluvia para los tres jóvenes. Lluvia, sin saber ni percatarse, llovía esporádicamente como una lluvia fina, delgada y al filo de unos ojos soñadores en decepción que miran a la lluvia caer verticalmente ante sus propios ojos claros de sol cuando ella recuerda su pasado. El infernal pasado de Lluvia le atormenta vilmente en el corazón desnudando a su débil alma sin luz como el opaco día en que se convirtió el día y sus ojos claros de sol se tornaron también opacos, sólo, recordando a su infernal pasado.
La vida para Lluvia ha sido extenuantemente y exuberantemente inocua desde que ése amor se marchó lejos de su vida dejando inerte e inmóvil al corazón y amando como nunca a ése hombre. El pasado infernal de Lluvia la atemoriza, la espanta y le quema los sentidos tan solo con que la lluvia le roce a la piel. La vida es intrínseca atormentando la furia devastada y destronada en fuerzas incoloras demostrando que el dolor es tan fuerte como la condena que Lluvia lleva en su corazón. Lluvia con lluvia en los ojos ese domingo en la noche y en la habitación de Lluvia se atormentó el corazón de ella cuando por pensar la sazón del amor se ha vuelto en una desazón desabrida, sin sal, sosa y sin sentido. La vida para Lluvia se torna imborrablemente seca, con dolor y pena en el sólo corazón que arde de temor incierto cuando Lluvia cae sin redención, sólo, observando que su vida, sólo, ha sido ser una cocinera con la sazón del amor y, sí, que era verdad porque la sazón la lleva ella en el corazón. La vida para Lluvia lleva en el afán en cocinar los suculentos manjares más exquisitos tratando de olvidar su infernal pasado tratando de que no sea imborrable. La vida marca trayectoria cuando en el albergue del corazón de Lluvia no la deja pensar más que en ese triste pasado. La vida para Lluvia desenmascara a toda una vida con un pasado porque el pasado cuenta como cuenta el presente y el futuro no vivido y ella se pregunta que… ¿tendré futuro algún día? La pregunta quedó indispuesta, incolora, sin sentido y en un total desastre entre pensamiento e imaginación por pensar en su futuro no existe futuro para ella. Lunes es un día como de costumbre con quehaceres de la mansión como faena. Lluvia se levantó el lunes con más dolor que nunca cuando sus ojos quedaron hinchados por el llanto de la noche anterior y se repone enseguida por el gusto al trabajo. Lluvia no calma en redención la vida sino que se atormenta más cuando llega la tristeza a sus ojos como de costumbre cada vez que llueve en la mansión de Los Kinai. Lluvia, en ese día lunes, prepara una cocción suculenta cuando cocina pasta a la milanesa con pollo hervido con ensaladas de lechuga, tomate y zanahoria todo el día. La vida para Lluvia es de trabajo inocuo cuando la cocina es la sazón del amor más fructífera de todos los buenos y malos tiempos. Si para Lluvia es como es la vida inocua, sin daño ni engaño a menos de que ella piense en su pasado infernal. La vida comienza sin ser pasajera, autómata, con destino, capricho y con un futuro en un sólo camino y era siempre ser la cocinera Lluvia con la sazón del amor entre sus manos, la olla y la sartén. La sazón del amor de Lluvia sazona con gusto, elegancia un suculento “gourmet” que deja en la boca un buen sabor. Lluvia prepara en la cocina la cocción más fascinante y más exquisita para el gusto de los tres jóvenes que enloquecen con el sabor innato de la sazón del amor de Lluvia. El día es un día cualquiera en la mansión Los Kinai cuando se perpetra la única osadía que es querer cocinar suculentamente y exquisitamente un manjar como ninguno otro de Lluvia. Lluvia está en la cocina rústica y antigua con buenos olores a alimento, con condimento, sofrito y con la sazón del amor que imparte en cada plato servido en la mesa de la mansión de los Kinai. La vida para Lluvia atormenta, desvanece, desmorona y destruye a todo un corazón que siempre supo amar a ése hombre que la abandonó a su suerte. Lluvia construyó todo un paraíso después que ése hombre la abandonó en la mansión Los Kinai cuando en el altercado de su vida quedó totalmente equivocada, equívoca y errónea cuando entregó totalmente a su corazón a ése hombre que la dejó triste, desdichada, adolorida y maltrecha, pero, hubo una luz y fue la luz del sol en sus claros ojos cuando llegó a laborar a la mansión de Los Kinai.
Lluvia salta en conmoción inocua por recordar a ése gran amor. Hoy es día martes y llueve torrencialmente dejando devastado al pueblo por una lluvia destructiva que ocasionó devastación e inundación. Lluvia, en la cocina antigua y rústica, prepara y cocina el exquisito manjar de “sushi” con verduras de malanga y ensalada. Lluvia no deja nunca de cocinar porque ella dice que si algún día dejara de cocinar es porque su pasado regresó. Lluvia aprendió a cocinar y su distracción fue siempre cocinar para la mansión de Los Kinai, pero, cuando ella está en su habitación llora de desesperación, angustia, pena y dolor por ése amor que la abandonó a su suerte. Lluvia exagera en hipérbole con lluvia en sus ojos derramando furia, deseo, penas, dolores y un amor que se fue con su amor llevando en su interior a toda su pasión. La vida de Lluvia aprendió muchas cosas, pero, nunca aprendió a olvidar ése amor. Lluvia creyó que su pasado quedó en el pasado, pero, no, tal vez, algún día regrese cuando el tiempo no le perdone todo el amor que desparramó y que sintió en el alma y en el corazón por ése hombre. Lluvia prepara y cocina “sushi” con verduras de malanga y ensalada para los tres jóvenes en la mansión de Los Kinai. Los tres jóvenes de la mansión Los Kinai son el amor dulce, compasivo y exageradamente de madre a hijo es el amor de Lluvia forjando el amor en cada beso y abrazo que se otorga unos a los otros y junto a Lluvia. Lluvia prepara un plato japonés, el cual, irradia la mesa con un plato autóctono y exótico japonés. Los jóvenes les encanta el plato japonés hasta felicitan a Lluvia por la sazón tan excelente y exquisita con que preparó el manjar. Los tres jóvenes zampan indiscretamente el deleite en su paladar de un plato japonés distinto y diferente a lo que están acostumbrados. El deleite en el paladar de los tres jóvenes encierra un buen exquisito por la buena comida que Lluvia siempre está dispuesta a otorgar, a brindar en la mesa donde zampan los tres jóvenes. El día es martes y llueve torrencialmente dejando una lluvia esporádica en la tarde tan fina como aquellas lágrimas que brotan de sus ojos por temor, ansiedad, dolor y una pena conmísera que sólo dejó aquél amor en el corazón de Lluvia. Lluvia empapada de espanto y de un susto temerario porque tiene en su presentimiento que el pasado quizás ha de volver. Un pasado funesto, triste y aciago que Lluvia cree que ha de regresar, aunque, el hombre que la abandonó no quedó satisfecho del todo por marcharse lejos de la vida de Lluvia. La vida marca trayecto y una trayectoria que sigue y persigue a la vida de Lluvia. Lluvia inmortal como la lluvia desencadena, desvanece y destruye todo pensamiento cuando sólo llueve esporádicamente haciendo recordar todo su pasado con dolor, sufrimiento y desesperación. Nadie en la mansión de Los Kinai pudo saber acerca o ni tan siquiera un pedazo de vida del pasado de Lluvia. Los tres jóvenes creen que Lluvia es una mujer madura, sin pasado, sin hijos, que vive sola y en soledad, pero, sólo, tiene un pasado oscuro y es que ése hombre y que ella recuerda tanto se fue con sus tres hijos lejos de ella dejando una huella imborrable en su pecho y en su corazón. La vida para Lluvia suelta una lágrima de dolor, de amor, de desilusión y decepción cuando ella siente y presiente que ésos tres jóvenes, los cuales, ella les ha cocinado toda la vida son sus tres hijos. Lluvia ha tratado como una madre a ésos tres hijos de la mansión de Los Kinai en toda una vida, pero, no, no son sus hijos. El día es martes llovió torrencialmente un aguacero por la noche, y es una noche templada, sosegada, estable y con luz de nácar se viste el cielo con luz resplandeciente y Lluvia en su habitación lista para dormir, pero, en sus pensamientos un recuerdo que la mata y que no libera cuando exactamente ella sólo desea conciliar el sueño.
Lluvia va marcando paso, un paso firme, efectivo y caudaloso cuando no quiere ni desea que su pasado ha de regresar algún día. La vida marca silencio. Un silencio sabio, autómata, clandestino y por un destino tan funesto que Lluvia y no quiere que llegue ese futuro. Lluvia no calma sin calmar redención ni pasión cuando no desea que su futuro regrese con un pasado tan funesto. La quid de Lluvia pertenece a todo su pasado cuando amó intensamente, ardientemente y vehementemente a un hombre, el cual, Lluvia no desea ni recordar, pero, el amor estuvo allí entre sábanas blancas curtidas por un sol de mayo, el cual, desnudó completamente el alma y el cuerpo para poder amar. La vida concierne y más es indeleble cuando ocurre un amor como ese amor, pero, Lluvia, sólo, con lluvia en los ojos lo recuerda como un mal momento cuando su vida se truncó con alas quebradas y truncadas por un amor que se fue y más con sus tres hijos sin saber el paradero ni el destino ni el rumbo que cada cual tomó. Lluvia con lluvia en sus ojos, sólo, sabe una cosa y es que el amor a sus hijos es imborrable y más cuando una madre le arrebata a sus hijos. Lluvia con lluvia empapada en sus ojos no detiene su caminar ni su andar ni su peregrinaje por la senda, por la cual, halla distracción, compasión, una salida por una herida maltrecha, dolida, inconsecuente por un amor que la abandonó a su suerte. La vida transige y continúa para Lluvia cuando halló un amor, una salida y una distracción en ser la cocinera de la mansión de Los Kinai. Sí, en esa cocina rústica y antigua en que ha derramado lágrimas, dolores y sazón del bueno, exquisito y excelente por el gran amor que posee en su corazón por ésos tres jóvenes en la mansión de Los Kinai. Lluvia ahogó sus penas y su llanto en un plato suculento de un manjar llevando dolor y sufrimiento, pero, con el corazón contento por el amor, la sazón del amor y del mejor para poder alimentar la vida de ésos tres jóvenes que por amor les cocina un suculento manjar por cada día que existe. Hoy es miércoles y Lluvia prepara un calzone relleno con pasta a la milanesa en su interior. Los tres jóvenes les encanta la cocina de Lluvia y el suculento manjar que les agrada, que les gusta y se alimentan con muy buen diente. Lluvia le mortifica en plena cocina pensar o recordar en aquél amor que se fue lejos dejando a Lluvia maltrecha, sola y en soledad y tan destruida como el propio amor en odio. Lluvia, sólo, piensa en que la cocción sea buena, excelente y con buen gusto y con la sazón del amor que ella imparte por cocinar un suculento manjar para los tres jóvenes y es del día miércoles que en menú es un calzone relleno con pasta a la milanesa en su interior. La pasta blanda y deliciosa, exquisita por zampar al gusto gustativo del paladar la hace merecedora de un exquisito y suculento manjar. Lluvia acecha con devorar a su propio pensamiento evadiendo e invadiendo con distracción a su solo pensamiento cuando evade, eleva y emana de ella misma poder distraer su pensamiento en cocinar el suculento y exquisito manjar para los tres jóvenes. Lluvia, con paz, sosiego y templanza como un mar en donde se derrama lluvia, es la vida de Lluvia, pero, el corazón lo siente impetuoso en tempestad e intranquilo por ese mal recuerdo que la atosiga, hostiga y persigue. Lluvia atemoriza a su solo corazón en contra de una voluntad en que el recuerdo le puede ganar por pensar y castigar a su sola vida. Lluvia cocina en rica cocción un calzone relleno con pasta a la milanesa en su interior. Los tres jóvenes al terminar la cena se despiden cada uno de Lluvia. El amor y la paz de Lluvia es incontrolable, sólo, desea ser feliz y, sí, que lo es hasta que logra llegar a su habitación y con lluvia en sus ojos empapa el suelo de lluvia y son las lágrimas que sus ojos derraman y brotan dolores, penas y sufrimiento. Lluvia caprichosamente sola va en busca de detener sus propias lágrimas que caen desoladamente hacia el suelo. Lluvia cae en la cama y se duerme con dolor con un sueño que parece una cruel y vil pesadilla.
Lluvia despierta en la mañana siguiente de un día jueves con lágrimas secas de toda una noche llena de dolor y de sufrimiento en el corazón. Lluvia recorre de punta a punta y de esquina a esquina a su habitación, nota y observa que hay lluvia esporádica en la ventana de cristal y ella dice que -“no cesa de llover”-. La lluvia empapa más el suelo y deja casi resbalar la vida, pero, sólo, ella ayuda a los habitantes de la mansión de Los Kinai a mantenerse en pie sin poder resbalar sus vidas en ese suelo. Lluvia toma las alfombras, seca el suelo y deja que la lluvia seque en el cielo para poder utilizar los alrededores de la mansión de Los Kinai. Lluvia espera a que cese el cielo de lluvia para poder dejar salir a los tres jóvenes hacer sus quehaceres, pero, los tres jóvenes quedan bajo la falda de Lluvia. El día es jueves y Lluvia cocina un suculento manjar como siempre y es un manjar de cebollas caramelizadas con miel y con carne de mechar, arroz con garbanzos y ensalada. La vida de Lluvia se torna exasperada entre cocina y quehacer, entre quehacer y amar lo que hace, cuando sólo le nace trabajar. El trabajo de Lluvia de cocinar y hacer los quehaceres en la faena del día se convierten en un juego de amor cuando ella ama todo lo que hace, perfila, perpetra y hechiza con sus manos una magia como por ejemplo cocinar en cocción el suculento manjar que los tres jóvenes zampan en la cena en el atardecer en la mansión de Los Kinai. La mansión de Los Kinai revela un profundo dolor cuando la paz está inalterada y todo por la paz de Lluvia que con lluvia empapa sus propios ojos con dolor y sufrimiento por unas lágrimas que brotan de sus profundos sentimientos, pero, el trabajo le distrae, le atormenta y hasta le hace feliz cuando Lluvia labora sin lluvia en sus ojos por una labor que merece ser atendida urgentemente y que ella no deja ser desapercibida. Lluvia va marcando trayectoria con paso firme, efectivo y dedicado en formar un paso directo y no recordar el ayer cuando fue abandonada por aquél amor. A Lluvia le atormenta que su pasado nebuloso, nefasto, doloroso y funesto regrese a su vida después de haber edificado toda una vida como cocinera de manjares exquisitos en la mansión de Los Kinai. La vida de Lluvia está totalmente distraída, pero, sus pensamientos yacen en el ayer, sólo, pensando e imaginando que ese cruel pasado pueda regresar vilmente a su vida dejando la huella intacta, indeleble e imborrable en el trayecto vivido. La vida de Lluvia marca trascendencia cuando su vida está empapada de llanto forjando un mal, cruel y vil momento cuando apenas la lluvia cae desde donde brotan las lágrimas de dolor en sus propios ojos. La vida de Lluvia enfrasca, encrudece y pertenece a un cruel y vil pasado y… ¿volverá ese pasado a su vida? La vida de Lluvia en aciago porvenir cierra los ojos y sólo piensa ¿qué hará cuando llegue ese momento? Lluvia siempre con cara de enfrentar su vida, pero, la vida siempre le muestra otra cara y es la máscara que no deja ver como antifaz de vida a su propia existencia. Luvia mortifica la espera con ese suculento manjar que cocina y es un manjar de cebollas caramelizadas con miel y con carne de mechar, arroz con garbanzos y ensalada. A los tres muchachos les encanta el menú exquisito que prepara en la cocina Lluvia dejando un buen sabor de boca y en el paladar gustativo en los comensales. La vida para Lluvia atormenta, mortifica como una terrible tormenta y tempestad de Lluvia sin cesar como entre sus ojos el frío de un final sin final.
La vida de Lluvia enfrasca, delibera y encrudece un mal tiempo en un venidero porvenir si ella cree que será así y no lo contrario. La vida se viste para Lluvia de lluvia sin frenesí, clandestina, sin cesar y fugaz advirtiendo que pronto será más lluvia derramada sobre el suelo como las propias lágrimas de dolor de Lluvia en su habitación. Hoy es día viernes y Lluvia prepara un suculento manjar de un suculento “gourmet” de unas ricas habichuelas guisadas con arroz blanco y carne de puerco. Lluvia pertenece a la comitiva de manjares exquisitos que ella elabora, sólo, por la sazón del amor que es sofrito y un condimento exquisito y elaborado por sus propias manos hacia una mesa donde se alimenta hasta el mismo corazón. Lluvia perpetra, premedita y hace valer a sus propios pensamientos con lluvia en los ojos de que su sentimiento le ahoga en un cruel y vil llanto. La vida de Lluvia enternece, enfurece y discretamente está en el olvido su solo pasado cuando el tiempo transcurre como discurre unas lágrimas que ocurren entre los propios ojos de Lluvia. Lluvia cocina en la cocina antigua y rústica el suculento “gourmet” de unas ricas habichuelas guisadas con arroz blanco y carne de puerco y a los tres jóvenes les encanta engullir lo que cocina Lluvia. Lluvia derrama y de sus ojos brota una sola lágrima cuando se halla en la cocina cocinando un suculento manjar y es que la vida le petrificó la espera inesperada y exasperada de un tormento nefasto, directo, funesto y aciago de unas lágrimas llenas de dolor desde que se fue el amor en su vida en un sólo infernal pasado, pero, sus ojos claros y castaños como el sol aún tienen el brillo de la vida. Lluvia se mortifica más y más cuando perpetra el peor de los casos con sus lágrimas de dolor un funesto camino y es ir directamente a su habitación a llorar con lágrimas en sus ojos por el dolor funesto y aciago que percibe y que siente en su interior. Lluvia está muerta de dolor en su habitación y desnuda todo sentimiento cuando desea gritar toda su verdad, pero, el tiempo, el pasado cruel y el venidero porvenir le hacen callar con una lágrima como la hiel de dolor en su boca. La vida de Lluvia encrudece tanto, espanta por todo y distraída queda su vida en una cocina antigua y rústica cuando cocina el mejor manjar que cocina de su menú que posee y es el suculento “gourmet” de unas ricas habichuelas guisadas con arroz blanco y carne de puerco. Los tres jóvenes en la mansión de Los Kinai llegan y concuerdan en hacer una sorpresa y es para el día de cumpleaños de Lluvia que es una serenata o un bizcocho para celebrar la vida y larga vida para la mujer que alimenta, sostiene y edificó a la mansión de Los Kinai con su orgullo, su amor, transparencia y sensato calor como el calor de una madre hacia sus propios hijos. Los tres jóvenes celebran ese día y es un sábado sin estupor, paciencia, amor, comprensión, ternura y mucha pasión por el amor de una sola madre y ésa madre lo era Lluvia la que en vida los amó como toda madre desde que ella llegó a trabajar en la mansión de Los Kinai cuando apenas tenían diez, doce y catorce años, dos años de diferencia de cada uno y nunca sospechó que eran sus propios hijos los que un día el hombre aquél la abandonó llevando lejos a sus propios hijos cuando apenas tenían dos, cuatro y seis años. Nunca Lluvia pensó ni sospechó de que esos tres niños fueran sus hijos cuando siempre los amó como si ella fuera la madre biológica. Ese día sábado celebran el cumpleaños de vida de Lluvia con una serenata de un trío que le canta el feliz cumpleaños dejando entrever el cariño, la ternura y el amor por esos tres jóvenes hacia la cocinera de nombre Lluvia. Lluvia enternece, encrudece y se espanta por un amor innato, intransigente, inconsecuente y muy otorgado entre el calor y el corazón de ésos tres jóvenes y que ella ama como si fueran sus tres hijos.
Lluvia posee el instinto maternal más maternal que ninguna otra mujer desde que aquél hombre con seis años de relación la abandonó a su suerte cuando se fue lejos con sus propios hijos. Lluvia en ese día fue el día más feliz de su vida al cumplir años por celebrar junto a los tres jóvenes y por desear tener una larga vida junto a ellos. La vida para Lluvia se torna más maternal cuando de sus ojos brota una lágrima de felicidad y es por el cariño, la ternura y el amor que le profesan ésos tres jóvenes a Lluvia. Lluvia en su difícil vida se atormenta cuando percibe dolor y augurio por un futuro que regresará cuando ella sabe en su intuición de mujer que ése hombre ha de regresar a su vida junto a sus tres hijos y ella se pregunta que… ¿qué hará en ese momento? La vida de Lluvia dejó brotar una lágrima de felicidad cuando de momento sintió un profundo amor por esos tres jóvenes que comparten amor, ternura y cariño cuando ella quiso ser su verdadera madre. Lluvia enterneció tanto que derramó a todo un suelo lleno de lluvia derramado de sus propios ojos cuando petrificó que el amor la llena, subleva e incrementa más su felicidad, pero, fue un solo momento el que quiso ser feliz en su vida. Lluvia atemoriza con devorar todo el amor a su paso cuando de repente queda adherida a una sola lágrima de dolor, capricho, ansiedad y mal recuerdo cuando quiso ser como el mismo dolor, pero, sus lágrimas brotan una amarga hiel que deja caer entre sus labios y sólo recuerda el ayer. La vida para Lluvia atormenta, atosiga y exaspera un tormento, una lluvia en frenesí y un torrente de sensaciones crudas como el dolor amargo que cae entre sus ojos por el amor de aquél y por aquél hombre. La vida de Lluvia cae en desesperación inocua y sin daño ni engaño alguno cuando ella llora lágrimas a solas como lluvia esporádica que caen desde su cielo y son sus ojos que lloran desesperadamente. Sábado es un día de celebración, felicidad y alegría por celebrar el cumpleaños de Lluvia en la mansión de Los Kinai. Lluvia llegó a laborar hace exactamente una semana a la mansión de Los Kinai y ha elaborado el rico menú que elaboró Lluvia para ésta semana para conocer a los tres jóvenes que viven en la mansión. La madre de los tres jóvenes es quien emplea como dama cocinera a Lluvia y Lluvia sin apenas y ni tan siquiera sospechar que son sus tres hijos los que le arrebató la vida y aquél hombre que la abandonó a su suerte. El esposo de la señora que emplea a Lluvia se encuentra de viaje y ella sin percatarse, aún, que son sus tres hijos. Lluvia desconsoladamente, pero, muy viva se entrega en cuerpo y alma a cocinar en la cocina rústica y antigua el suculento manjar del día sábado y que es una “corned beef” con amarillos fritos y arroz blanco después de todo el banquete con bizcocho por celebrar el cumpleaños de Lluvia en la mansión de Los Kinai. Los tres jóvenes se disponen a sentarse en la mesa a comer como comensales sabiendo de la rica sazón que posee entre las manos Lluvia destronando toda pena, todo dolor y todo sufrimiento cuando Lluvia se ha olvidado de la lluvia de sus ojos cuando, de repente, uno de los tres jóvenes mira por la ventana de cristal porque llega su padre de ese viaje de negocios. La vida para Lluvia determina un punto final o seguido cuando casi está por descubrir y revelar toda la verdad. Lluvia está con la espalda hacia la ventana de cristal haciendo los menesteres de la mesa con la faena siempre laborando. La vida enternece directamente como amanece ese día sábado lleno de felicidad y Lluvia con sonrisa entre sus labios por haber celebrado su cumpleaños se halla feliz, orgullosa y dichosa por tener a ésos tres jóvenes como si fueran sus propios hijos. Lluvia está de espalda en la ventana de cristal y el hombre está ocupado con sus maletas en el automóvil fuera de la mansión de Los Kinai. La vida encrudece, la vida busca, la vida halla y encuentra el más grande dolor y pernicioso sufrimiento cuando el tiempo transcurre como un tiempo de pena, dolor, condena y sufrimiento para la vida de Lluvia dejando caer una lágrima de dolor entre sus lindos claros de sol.
La ventana de cristal se inunda de lluvia como vaticinando un terrible momento, un encuentro no casual y como una rosa en el jardín que está a punto de marchitar y como el dolor intransigente que se siente y se percibe desde que el amor se fue y le arrebató a sus tres hijos dejando sólo, triste y abandonado el corazón. La vida acomete una terrible señal cuando los tres jóvenes zampan en la mesa del comedor el suculento manjar de una “corned beef” con amarillos fritos y arroz blanco. La vida insiste, perpetra y petrifica sentir el amor, la cadencia y la virtud de una mujer maltrecha, abandonada, destruida y sin contemplación alguna adolorida en el corazón. La vida de Lluvia fue una vida indeleble, intransigente, con ímpetu por querer sobrevivir hacia la amarga hiel que provoca una lágrima entre sus labios y es Lluvia como la lluvia que cae desde el cielo a empapar todo el suelo. La vida para Lluvia es la fortuna en querer sobrevivir en el mundo, encontrar a sus hijos y hallar el amor nuevamente, pero, la vida comete infortunio, distracción, intranquilidad, sin paz ni sosiego constante en poder descifrar que la vida le ha dejado un tropel de sensaciones crudas cuando en el altercado se enfría el dolor como hielo congelado en el congelador y no da abasto cuando la vida le otorga otra oportunidad a Lluvia. El dolor y la vida mísera hicieron de lo suyo como papel en blanco con tachaduras de una escritura que hoy se empapa el papel con lluvia en frenesí regando la tinta y dejando el papel más en blanco, así es la vida de Lluvia con toda una vida vivida, mortificada, destruida, abatida, insípida y adolorida, pero, tal vez, la vida le otorgue otra oportunidad. La vida para Lluvia es una vida inmortal, de sosiego penitente y de un buen sabor como la sazón del amor tan excelente cuando la gastronomía culinaria es la vida perfecta para Lluvia. La vida atormenta, hiere en lo más profundo, diseca el alma, pero, el amor crece como rosa en el jardín con un tallo firme, feraz y erguido sin poder marchitar porque tiene sol y lluvia el abono ideal para poder subsistir. El amor en el corazón de Lluvia se ha secado como ese torrencial aguacero que bajó del cielo dejando devastado el pueblo y, aún no cesa de llover, si llueve esporádicamente en la ventana de cristal. La vida para Lluvia queda débilmente en pausa, detenida la vida, inerte e inmóvil el movimiento del viento cuando, de repente, casi entra por la puerta principal el señor de la mansión de Los Kinai. El atardecer es un día con lluvia esporádica que cae en la ventana de cristal. Lluvia lo sabe y presiente que habrá más lluvia sin cesar en la mansión de Los Kinai. Entra en escena la señora de la mansión de Los Kinai y le advierte a todos los empleados que retiren sus labores para poder recibir al señor de la mansión de Los Kinai que ha llegado de un viaje muy largo. Lluvia se dispone a terminar sus faenas en la cocina rústica y antigua. Lluvia decide marcharse hacia su habitación con una lágrima en sus ojos, tal vez, de felicidad o de dolor cuando la vida perpetra otra oportunidad para Lluvia. Lluvia entra a la habitación y lleva consigo una bolsa entre sus manos y la deja reposar sobre su cama mientras, se mira en el espejo reflejando toda belleza ajada y perdida por una juventud llena de dolor, pena y sufrimiento. La tristeza que embarga de tristeza a Lluvia es una tristeza de pena, llanto y dolor cuando sin olvidar a sus tres hijos se le petrifica en el corazón, una espina y es el dolor de un latir del corazón como un infarto, pero, sin ser infarto es sólo el dolor de una madre sin sus hijos. La vida mortifica como espanta, atormenta como duele, hiere como quiere y la lluvia no deja al sol salir. La vida de Lluvia atormenta más frente a ese espejo que se refleja cada día más una lágrima, un sollozo, un soslayo de pena y dolor cuando la vida la ha dejado sin sazón.
Lluvia observa en ese espejo a una mujer como dama de cocina, a una mujer sin estupor y de ímpetu por realizar, laborar y vivir a plenitud una vida. El espejo refleja un cuerpo devastado, con arrugas, estrías y canas por tres embarazos de vida cuando, de repente, la vida intercede en una desdicha prolongada por un mal hombre que la abandonó a su suerte arrebatando a sus tres hijos. Lluvia cree en la oportunidad de la vida, pero, ella no sabe ni siquiera sospecha que tiene otra oportunidad de vida. Lluvia está fría, álgida y sus manos están gélidas. Lluvia está asustada, empapada de dolor y con lluvia en sus ojos, si en el pueblo llueve torrencialmente con una lluvia devastada y haciendo estragos. La vida de Lluvia se torna intrínseca y desnuda ante el espejo, observa que su cuerpo ya no es el mismo sino que las arrugas y las estrías son dueñas de su desfigurada silueta. Lluvia toma un camisón de color negro, se sienta al borde de la cama en la habitación y toma la bolsa que dejó sobre la cama. Lluvia está con ojos pesarosos, intranquila y sin paz. Lluvia llora estrepitosamente e intrínsecamente porque siente un dolor muy fuerte en el pecho por la vida, por la suerte, por el amor, por el desamor, por el dolor y por el sufrimiento que ha llevado durante cuatro años seguidos sin tener a sus hijos. La vida marca trayecto, trascendencia, inocuo perecer y un ademán tan frío cuando la vida encrudece de espanto. Lluvia está con ojos de lluvia en sus ojos petrificando una muerte segura y toma el bolso con un emparedado de jamón y queso incluyendo el veneno de cianuro mortal para poder matar a su corazón. Lluvia zampa todo el emparedado y cae muerta en su habitación con la lluvia entre sus ojos y en la ventana de cristal la lluvia esporádica que no cesa. El señor de la mansión de Los Kinai junto a sus tres hijos se disponen a entrar a la habitación de Lluvia. Sábado es un día lleno de lluvia torrencial y es el feliz cumpleaños de Lluvia. El señor de la mansión de Los Kinai se dispone a entrar a la habitación de Lluvia, pero, ella se halla sin signos vitales por un veneno mortal que zampó a media noche para poder matar a su corazón. La sorpresa del día feliz cumpleaños de Lluvia quedó en silencio y derredor cuando el tiempo caducó y expiró como expiró ella, pero, antes de cerrar los ojos Lluvia supo toda la verdad. Lluvia con ojos de lluvia en sus ojos muere en el acto sabiendo que ésos tres jóvenes eran sus hijos. Lluvia supo una cosa y es que la vida le dio otra oportunidad a una mujer devastada, desdichada y maltrecha con la vida, pero, ella sin lidiar con lo inesperado de la vida sino que la vida oscureció de un llanto sosegado a sus ojos castaños y claros de sol como todo sol en el cielo. La mansión de Los Kinai permaneció sin la sazón del amor de Lluvia y Lluvia quedó sin el amor de sus tres hijos por el dolor tan fuerte que le ocasionó la muerte, pero, salió una lágrima de sus ojos al morir junto a sus tres hijos. Lluvia cerró a sus ojos como el cielo cerró de lluvia y amaneció con un sol resplandeciente como los ojos claros de Lluvia y con el sol dispuesto a brillar en el cielo.
FIN