Sucede que me siento como el inmortal de Borges. Busco desesperadamente la inmortalidad. Me encuentro con laberintos sin fin, con palabras místicas, con dioses penitentes y espíritus perdidos. Soy el mito injustificado. Vagabundeo por las noches en sueños delirantes. Hay un demonio que predica con números. Soy un condenado sin expediente. Tanto universo y yo tan insignificante. ¿Qué plegaria resuelve el acertijo de la vida? ¿Qué debo ofrendar y a quién? Aquí estamos en esta pecera llamada vida. Algún día nos reuniremos con Caronte. Cruzaremos el río y quizá el círculo se cierre. Mientras tanto... existo, a veces sin justificación.