La luna se filtraba tenuemente por las cortinas, alertando a mi sombra que se definía por el relieve de tu figura... Tú, cúspide bella y desafiante, reposabas libre sobre las sábanas y yo, expectante y emocionado buscaba hacer vida la tinta de un poema en movimiento... El instinto habló, guiado por lo inquieto y hambriento de ti, cruzando a tu territorio prohibido... Todo caminó vivo entre el surco de tus senos. Escuché tú respiración agitando el preludio silencioso de lo que el tiempo no pudo detener... Dando paso a la intensidad de tu mirada, con esos ojos infinitos que aman este refugio y su creciente verdad... Cada verso fue una caricia compartida, una danza entre mi sombra y tú sombra... En aquel espacio ajeno, el poema logró cobrar vida y se llenó de intensos y delicados gestos. Nacieron besos que aprendieron a buscarse, que aprendieron a encontrarse... Llegaron hasta lo más profundo del alma, dejando que la intensidad tan cercana, tan única, tan nuestra fuera la guía en este viaje de un descubrimiento mutuo... Fuimos entendiendo que entre tu y yo, el amor creció...