Como el cielo envuelve el canto
misterioso de las flores,
hoy me cubre con su manto
el aliento espiritual
y sereno de la noche.
Incendié pues con locura
esta piel que era de fuego,
con el alma de la luna
y sus flores de desvelo.
Fue mi voz un sol de sangre,
hoy, ceniza de mis sueños,
y mis huesos son de alambre.
Soy el polvo de la tierra,
de la lumbre, triste estela.