Rojo sangre, rojo vino,
parece que no le importo un comino
como súbdito al rey que guía soy fiel
a tu silbido, como perro a su hueso
como poeta a sus versos.
Busco la manera de tocar tu corazón
y despejar ese disgusto
qué sientes de día por medio
¿Es en serio?
Es un círculo dañino
y aún con el pecho hecho añicos
continuo en espera de una señal
que me diga que ya no existe tal.
Dime, rojo
¿Es placentero tenerme detrás de la línea?
¿Es satisfactorio no ser la misma?
Dime, rojo
¿Por qué te desconozco?
la frialdad de tus palabras
retumban como olas en las piedras
y el llanto desconsolado
de las enredaderas de mi alma
no se calman,
dime algo para guardar la calma
dime algo a la cara.