Jarillas
El amor se fue
como jugando,
persiguiendo jarillas
hacia el oeste.
Un cacique comechingón me dijo:
mirá sus hojas,
brújulas secretas del mundo;
señalan el viento:
por aquí,
por allá.
El amor se va
—pero aprende a volver—.
Arden las huellas de los astros
más allá de los pastos;
una manada
de poemas salvajes
baja a beber del arroyo.
Las jarillas en flor
esparcen sus secretos
en todas las direcciones,
pero hay una
—callada—
que siempre
sabe volver.
En el patio
atan sus ramas
y barren la tierra.
Queda limpio el camino
para que el amor vuelva.
Sergio Alejandro Cortéz
Villa Dolores, Córdoba, Argentina.