Una mariposa se coló en mi jardín.
Aquel día crecieron girasoles.
En un 24 de diciembre,
le lloré a la tristeza.
Como presa del dolor,
escribí algunas despedidas.
Perdí el hábito de hablarle a la pared,
manos torpes se aferraron,
dejando una firma inestable.
Probé la miel de la inocencia.
Una infancia arrebatada en color azul.
Hoy solo tengo palabras y poco disimulo.
Hasta donde sé, no morí, ni me pinté la cara.
Solo me quedé en el jardín
y ya no regresé.