La antorcha gime en la oscuridad
gime para no ser necesitada,
con su luz perpetua, sutil,
condescendiente,
se enrosca sobre si misma
busca, como toda luz,
su lugar vivaz en el mundo.
No gime para ser desfavorable
no incentiva incendios forestales
no quiere mandar a nadie
a las hogueras banales
del ego mal insuflado
y peor dirigido.
Se viste de rojo
cuando se hace adicta a la locura,
de negro cuando pacta
con los espectros,
de azul cuando se carga de químicos
y de verde cuando el cobre
la atosiga con sus mimos
de forja antigua y de metales olvidados.
No volveré a mirarla
como la miraba antes,
sabiendo que sólo tenía
palabras sabias para mí,
como toda hija del fuego
converso con la llama
hasta quedarme dormida
y a pesar de mis meditaciones.
Se me imponen el pasmo y la colmena
me han condenado los antiguos sabios
al desconsuelo,
no hallaré más su paz y sus siluetas
no marcaré sus surcos
no dejaré mis huellas en silencio.
Gritaré alto y fuerte
no giraré sobre mis pasos.
OLLIN
19/03/2026