Si fueras una simple flor
o cualquiera que atrajera mi atención,
tendría el ímpetu de robarte de tu prado.
De llevarte conmigo a todo lado.
De secarte para admirarte en el momento deseado.
En cambio, prefiero tu libertad.
Volver a pasar por el mismo sendero
y encontrarte de nuevo.
Permitir ilusionarme,
a sabiendas de tu presencia.