Era toda belleza,
lo mismo que la dulce Margarita
que fuera de Alejandro su Afodita;
bordada de ternura,
sus labios en mis labios parecían
panales que tenían
las mieles desbordantes de dulzura;
con mágica ternura
era toda belleza,
brindando del amor su gran pureza.
Autor: Aníbal Rodríguez.