Llevo esperando más de tres años,
Esta alta temperatura no ha llegado a bajar;
Pese a lograrla disimular,
Es una maldición cargada,
Cual navío perdido entre los océanos.
Sobrecargado de mentiras,
Ilusiones y falsas esperanzas,
Deambulo en el mar de gente;
A veces sereno, otras sonriente,
Pero sin sentir la dichosa bendición
De haber abandonado aquella Santa Ira.
Como tripulante del Caleuche,
Un contrato tácito me amarra a este barco,
Donde veo a muchos vagando,
Otros tantos colapsando,
Y algunos disimulando,
Como si no pertenecieran aquí,
Mas el Santa Ira es un barco astuto,
Y reconoce a todo maldito por la emoción.
Pese al nombre que carga,
Es un barco de paz al transitar;
La tripulación vive irascible,
Aun cuando solo con nosotros mismos nos podamos desquitar;
Y pese a que de abordar otros barcos no recurrimos,
Cualquiera que navegue a nuestro costado
Al poco tiempo verá la maldición que cargamos.
Al igual que cualquier otra navegación,
En ocasiones nos enfrentamos a tormentas,
Otras a crueles hambrunas,
En ocasiones nos saciamos de éxtasis,
Y en esta oportunidad, me acompaña un momento de templanza,
Pese a ello,
No logro sembrar falsas esperanzas,
Pues sé que en este maldito barco,
La tranquilidad no es una rutina duradera.