Tomando té. Disfruté desde su lado intenso hasta los toques sutiles olvidados por mi piel.
En aquellos hombros, un resguardo encontré. En aquellos ojos, certeza hallé. En aquella sonrisa, mi vulnerabilidad cedió.
El viento me contó las mentiras, dedujo tus acciones.
El viento omite los hechos, relata lo que no se dijo.
El viendo no traiciona. “Sobre aviso no hay engaño”. Con confianza exclamó.
Miradas concluyentes. Mirada contundente. Mirada exorbitante. Mirada que no perdona, transformándose en el temor del viento.
Soy presa fácil al disfrutar de tu presa, el viento advierte de la gula. Termino escaso de razón por tus razones del corazón.
Tomando té. Terminé aún más sediento, confuso del origen del té. Sin querer comprender ni recordar el recorrido en mi paladar. Mi último té en su ser acabó.