JUSTO ALDÚ

AGUAZAL DE SENTIMIENTOS MUSTIOS

 

En lodazal de latidos se demora mi alma,

vendimia de amores que no alcanzaron sol ni boca.

 

De tus manos —claridad húmeda—

bebí un azul con sabor a tormenta.

Tu voz, como vino derramado en la penumbra,

encendía la sombra con perfumes de aurora.

 

No bastaron los siglos vividos en un instante,

ni la sed infinita de mis venas abiertas.

De opacidad eran los días,

y de oro distante tu ausencia.

 

Nombrarte era tocar el borde del fuego,

sin quemar la piel… pero ardiendo por dentro.

Como astro herido cayendo en mares rotos,

mi amor naufragó en tu cosecha imposible.

 

Y hoy, en este aguazal de recuerdos que respiran,

florece lo que nunca debió haber vivido.

 

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