I
Pasan los niños con sus risas claras,
pasan los jóvenes buscando un destino;
voces que un día mis manos guiaron
por el sendero de un mismo camino.
Ellos se alejan, el viento los lleva,
mas yo me quedo en la antigua ribera;
viendo en sus ojos la luz que se eleva,
como quien mira su propia bandera.
Cuarenta inviernos dictando la vida,
dejando jirones de mi alma en el aula;
la huella en el tiempo no será perdida,
aunque el pupitre hoy sea una jaula.
Unos llevaron la fuerza y el brío,
la garra del juego, la meta, el deporte;
venciendo el cansancio, venciendo el frío,
hallando en mi voz su mejor pasaporte.
Otros se llevan la recia estructura,
el carácter firme, la ley, el respeto;
la disciplina que el éxito augura
y el honor guardado como un amuleto.
En los pasillos de la universidad,
dejé la premisa que el alma reclama:
no existe ciencia, ni luz, ni verdad,
si no hay un amor que en el pecho se inflama.
Yo soy el árbol que mira el camino,
que ve a sus semillas volverse floresta;
testigo constante de cada destino,
la voz que responde cuando hay una apuesta.
Gracias, alumnos, por ser mi sentido,
por llevarse un poco de lo que yo he sido;
pues nada de esto se queda en el olvido...
¡yo vivo en el éxito que han merecido!
II
Hoy camino el pasillo que fue mi cuna,
el suelo que un día mis pasos grabó;
donde el niño que fui, bajo el sol y la luna,
en el hombre y maestro por fin se fundió.
Siento el peso del tiempo, la dulce nostalgia,
dejar el colegio es dejar el hogar;
pero llevo conmigo la mística magia
de ver a mil barcas lanzarse a la mar.
Recuerdo los rostros, el miedo temprano,
la mano insegura que el aula buscó;
y luego el abrazo, el orgullo lejano,
cuando el birrete al cielo voló.
Sé que unos se han ido, que el Padre ha llamado
a niños y jóvenes, flores de abril;
y a fieles colegas que el alma ha guardado
en un sagrado y eterno pretil.
El legado no muere, se queda vibrante
en cada \"gracias\" que escucho al pasar;
en ese \"Edguitar\" de voz anhelante
que un hombre adulto me viene a entregar.
\"Soy lo que soy porque usted me dio el norte\"...
no hay más salario, ni hay mayor gloria;
llevo en el alma ese noble pasaporte
como el tesoro de toda mi historia.
Hoy la universidad reclama mi siembra,
un nuevo horizonte me invita a partir;
pero el colegio es la paz que me nombra
y el lugar donde siempre habré de vivir.
Me voy con el pecho colmado de vida,
sin deudas de amor, con la frente muy clara;
bendigo el encuentro, bendigo la ida...
¡y bendigo el camino que hoy se separa!