Ya estaba terminando la tarde… El tiempo se detuvo por un instante, miré el cielo y el arrebol al final del horizonte decidió teñirse de naranja y miel… Ahí tu silueta maravillosa se asoma a lo lejos, hasta que llegaste junto a mi… Nuestras manos se entrelazaron y la tenue luz se descolgaba por la suavidad de tu mejilla… Tu sonrisa se asomaba como dibujando un pétalo libre… En ese instante mi corazón se aceleró… Tú belleza atrevida vive en la frontera donde se hace vida mi búsqueda… Bella flor que te quedaste atrapada en la historia de los detalles de este amor confidente… De un secreto de enamorados…
Por eso, cuando cierro mis ojos, tu no terminas saliendo de mi memoria, ni menos yéndote con el paso oscuro del horizonte del sol... Tú... Tan hermosa, tan mía... Te quedaste en mi vida... En el aire, en las paredes, en mi almohada, entre mis sábanas... Pero principalmente te quedaste en mi alma... Tú te quedaste en mi... Transitando como un paseo suave de mi memoria, con la caricia viva, con la caricia suave... Hasta el viento conoce lo suave que eres tú... Y todo me recuerda que basta un segundo, un rayo de luz perfecta, un vínculo que desafía, para alimentar este espacio de amor incondicional... De este amor de dos enamorados...