Juan Iscar

MALDITA SEA

Quise gritar en la noche de la angustia y de la ira
anonadado por la incomprensión y el desasosiego.
Oleadas de sangre anegaron mi garganta
taponando abruptamente la salida
de ácidas palabras, preñadas de sentido,
engendradas por la desazón y el recelo.
Malditos sean los manipuladores del lenguaje;
sabedores de que perdido el significado de la palabra
el hombre perderá su libertad;
alcahuetes corruptores de esperanzas,
cooptadores esquizoides soberbios de maldad.
Malditos sean los poderosos que humillan
generando indignos comportamientos.
Malditos los seguidores de Skinner y Paulov,
perversos conductistas analfabetos
depravadores de cándidas conciencias,
sádicos diabólicos de odio desnortado,
creadores de psicópatas de aparente inocencia
desde la edad de la ternura muertos para siempre.
Malditos los mutiladores del placer y el sexo
que inoculan y transmiten su cruel ignorancia
transformando el hogar en espacio de sometimiento
y la vida, para muchos, en ámbitos de perversión.
Malnacidos los que eliminan al nonato en crecimiento
en el lugar más acogedor que la naturaleza ha creado.
Malditos sean los que usan la religión para someter
a sus seguidores fomentando el miedo,
ocultando y sustituyendo la fuente del amor;
prostituidores del mensaje de esperanza,
dinamitadores de los cimientos del reino.
Malditos sean los que esperan dias ventosos y secos
y llegando la noche prenden el devastador fuego
a bosques y pinares; subyugante, fascinador;
asolando la geografía bajo el rojo sanguinolento.

Malditos los predicadores del buenismo,
 

de las ideologías relativizadoras, 
los que gustan de lo políticamente correcto, 
que no se mojan en cuestiones comprometidas
dejando que el mal avance hasta su florecimiento.
Malditos los políticos que venden su dignidad
por puñados de votos agostados y estériles.
Malhaya los empresarios y los trabajadores
inmorales, injustos, abusadores de su estado,

provistos de filtros materialistas, ciegos
para el bien común y el futuro trascendente.

Malditos sean los constructores de armas,
vendedores de muerte indiscriminada,
serán muertos por esas armas en su propia casa.
Malditos los ideólogos que justifican
las más viles y aberrantes atrocidades
que la mente imaginadora haya concebido
valorando la ideología sobre el ser humano.
¡Maldita sea!. ¡Maldita sea!.