En el espejo del sueño
duermen todas las pupilas.
Aquellas que están sin dueño.
Las que a sus dueños olvidan
y esas que de tanto ver
están ciegas y sin vida.
¿Por qué vienes a buscarme
sin un motivo concreto?
Tú sabes que en las distancias
se ven los sueños más bellos.
Dentro del vientre del aire
un niño se está meciendo,
San Cristóbal le sujeta
en sus ojos dos luceros,
y en las veletas se secan
ristras de rojos pimientos
mientras cantan un tedeum
las clarisas del convento.
¿Aún te encuentras aquí
colgada sobre la nada?
Yo me esconderé en los mares,
y dejaré mis pupilas
que el sueño las pula, al aire.