José Antonio Artés

HÁBITOS

Me miro al espejo cada mañana,

como quien comprueba

que sigue aquí.

 

La sonrisa no tiene misterio,

viene de haber elegido

mirar la luz

cuando también estaban las sombras.

No es un triunfo,

es más bien una costumbre.

 

Agradezco el día

sin hacer ruido,

cómo se agradecen las cosas

que no necesitan explicarse.

 

He ido reuniendo pequeños hábitos:

saludar con calma,

cuidar el cuerpo,

leer libros,

escribir para entenderme,

querer a los míos

sin aplazarlo demasiado.

 

Nada extraordinario.

Solo lo necesario.

Decisiones repetidas

que acaban pareciéndose

a una forma de estar en el mundo.

 

Salgo a la calle

y todo sigue en su sitio,

pero los detalles,

un gesto, una mirada, una conversación,

parecen contar conmigo.

 

Entonces comprendo

que la felicidad no es una meta

ni una sonrisa permanente,

sino esa cercanía tranquila,

esa manera de sentir

que la vida, a veces,

deja impregnada en la piel

como una brisa agradable.

 

José Antonio Artés