Hubo miedo, claro: puertas cerradas a medio intento, silencios que quisieron contenerlo, como si callar fuera suficiente.
Y entonces ocurrió, sin anuncio, sin permiso: lo que tanto se ocultaba abrió los ojos en medio de todo.
Y ya no hubo manera de negarlo, porque lo que por fin se atreve a existir no vuelve a esconderse, ni siquiera dentro del miedo.
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Rafael Blanco López
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