Quisiera poder despertarme y levantarme del tirón, pero asumirme como un objeto de consumo, o como un envase desechable del que bebiste el dulce de mi ternura, para dejarme este corazón amargo y deshecho, no me lo permite.
El mundo pesa tanto, y pienso tanto que debo hacer algo, y tengo tanto asco.
Y lo nuestro, que ya es una isla que el mar de dolor se tragó, y queda en el fondo los restos arqueológicos como objeto de estudio, ¿porque se acabó?
¿Porque no me elegiste? ¿Porque me abandonas? ¿Que tiene esa nueva persona que es tan maravilloso como para dejarme?¿Estoy incompleto?
Yo sé que estoy roto, yo sé que tengo días dónde me llega el asco a la garganta y todo está oscuro y hostil... Y no se si es un problema de percepción, o la sociedad del cansancio y la autoexplotación me tienen asqueado.
Pero se que al tocar tu rostro, al verte reír, si existe un dios sabe que mi alma se encendía y no quería más que tus ojos y tu voz.
Pero, ahora me siento un bien de consumo, insuficiente para competir con el nuevo producto del mercado.
Pero nosotros nunca hablamos de marketing del corazón, hablamos de libertad la belleza de la vida, la sinceridad y transparencia.
Y mira que no sabía que ternura y transparencia era solamente tu campaña, y yo un bien desechable sabor a ternura y la transparencia solo una palabra brillante en el anuncio publicitario de la sección de se busca novio.
Con el asco que me da la publicidad y el marketing, me pudre y me amarga, y me hace sentir tan tonto como se puede sentir quien cree que es el único y resulta ser una diversión pasajera, como un reel de tik tok que te hace reír o te conmueve, deslizas y olvidas para siempre.
Y me quedo con este fantasma en la cama y rondando las calles y mis sueños, el fantasma de lo que creí ser y lo que soñé que sería, con el impulso que la inercia de mi corazón aún empuja a la velocidad de lo que parecía real.
Recuerdo el primer beso, fue junto a nuestro primer baile, se podía sentir las ganas de ambos, el deseo era claro.
Bailamos y bailamos hasta que el beso fue inevitable, deseaba tanto besarte.
Tenía miedo, algo me decía aquí hay caos, caos inevitable, fuego, cielo y lágrimas.
Fuimos a casa e hicimos el amor en tu cama, desde ese momento hasta que dejaste España, fuimos tu y yo, aunque nunca sentí certeza total, pero me dije que quizás mi intuición estaba descalibrada por los miedos del pasado... Y siempre hubo cosas, siempre hubo cosas que me hacían dudar.
Lo sabía, besarte era deporte de alto riesgo, sabía que tú mente era caos, me lo dijiste, siempre cambio, me lo dijiste, mis relaciones salen mal. Y yo pensé, \"bueno, nadie es perfecto\", la frase que dice quién se lanza al abismo que te atrae con la gravedad que genera la grandeza del fuego de tu alma. ¿Quién dice que el fuego por bello y caótico no quema?
Hoy, después de que todo está roto, y parece imposible volver a lo que resultó solo ser una ilusión, pues quien abre los ojos aunque se duerma nuevamente conoce ya la verdad.
Entonces entre los restos de tu naufragio, busco la sabiduría para, con la amargura de las heridas y sin afán de minimizar nada, poder creer que algo de esto tuvo sentido.