A las tres
cuando el mundo todavía duerme
y los sueños pesan sobre los techos,
abrí la palabra
como quien abre una ventana
en medio de la noche.
Entonces
la lluvia comenzó a caer.
No fuerte,
no como tormenta,
sino como si el cielo
también estuviera susurrando.
Cada gota
era un pequeño amén
cayendo sobre la tierra.
Oré
y la madrugada respiró conmigo.
La lluvia siguió
mientras las palabras subían
como vapor tibio
desde el corazón.
Y cuando terminé,
el silencio volvió
como un lago en calma.
La lluvia se detuvo
suavemente,
como si el cielo
hubiera escuchado
lo suficiente.
— Arih