LOURDES TARRATS

EL ARRULLO DE MORFEO

 

Cuando la noche inclina su lámpara
y el mundo se aquieta en su propio latido,
Morfeo se acerca despacio,
como quien reconoce
el umbral
de una presencia abierta.

Trae en sus dedos
una caricia de aire,
un velo de sombra y luna,
y desciende sobre mis párpados
con la delicadeza
de lo que apenas toca
y ya permanece.

Y me alcanza
—y cedo—

Y en ese instante suspendido,
cuando dejo de ser vigilia
y aún no soy sueño,
su presencia roza la mía,
como un secreto
entreabierto.

Y me nombra, despacio,
no con palabras,
sino allí
donde ya no hay borde
donde la noche se inclina
sobre la forma del cuerpo
y la deshace
sin herirla.

Entonces caigo,
no hacia el fondo,
sino hacia adentro:
al lugar donde el alma se afloja
y el corazón recuerda,
en silencio,
que también sabe rendirse.

3/18/2026