Beyders Ortiz

Celajes Dormidos

Me habita un recuerdo de luz y de seda,

un rostro que el tiempo no pudo borrar,

es esa presencia que siempre se queda

cuando el horizonte se pone a llorar.

​habita en el reino de nubes de fuego,

allá donde el cielo se vuelve arrebol,

su mirada es calma, su risa es sosiego,

y tiene en sus ojos pedazos de sol.

​Ella no sabe que cruza mis puentes,

ni que es el refugio de mi soledad,

es agua que corre por claras corrientes,

belleza que viste de pura verdad.

​Me gusta el silencio de amarla a distancia,

sin fechas, sin nombres, sin rastro de ayer,

bebiendo en el viento su dulce fragancia,

soñando el milagro de volverla a ver.

​Se queda grabada como una caricia,

la paz de su gesto, su luz al mirar,

es para mi alma la mayor delicia,

y el único puerto donde quiero anclar.