Me habita un recuerdo de luz y de seda,
un rostro que el tiempo no pudo borrar,
es esa presencia que siempre se queda
cuando el horizonte se pone a llorar.
habita en el reino de nubes de fuego,
allá donde el cielo se vuelve arrebol,
su mirada es calma, su risa es sosiego,
y tiene en sus ojos pedazos de sol.
Ella no sabe que cruza mis puentes,
ni que es el refugio de mi soledad,
es agua que corre por claras corrientes,
belleza que viste de pura verdad.
Me gusta el silencio de amarla a distancia,
sin fechas, sin nombres, sin rastro de ayer,
bebiendo en el viento su dulce fragancia,
soñando el milagro de volverla a ver.
Se queda grabada como una caricia,
la paz de su gesto, su luz al mirar,
es para mi alma la mayor delicia,
y el único puerto donde quiero anclar.