R.

Sin final

Te dedicaría cada palabra mía,

como quien entrega el alma en fragmentos,

pagando con latidos un instante

donde tu nombre respire en mi tiempo.

Cada coma sería una caricia,

leve, tibia, rozando sin prisa,

como dedos que aprenden tu piel

sin necesidad de conquistarla.

Cada estrofa, un beso suspendido,

de esos que no conocen despedida,

que se quedan viviendo en los labios

aunque el mundo insista en la huida.

Cada verso, una mirada cómplice,

de quien descubre belleza en lo imperfecto,

de quien se pierde sin querer volver

en los mapas secretos de tu cuerpo.

Y al final, cuando llegue el punto,

no sería un cierre ni un olvido…

sería un punto y coma en el destino,

la excusa perfecta para volver a escribirte,

para volver a vivirte,

otra vez… sin final.