Como el viento que ya pasó,
ya no está, pero quedó en ti.
Te hizo alzar la frente y esperar
la próxima caricia, esa compañía.
Así yo en ti: nunca estoy, ni estuve,
pero me sientes y me esperas.
Cuando te dije que eres bella,
al decir “te quiero”, así me haga llorar.
Tú en mí, la sombra que trae descanso,
la luz que despierta mis ojos mañaneros.
Soñando, dormido y despierto, tus besos;
tanto confundo este deseo como respirar.
Verte en mil formas imaginadas cerca mío.
No somos nada, y nos queremos tanto.
¿Quién guardará la llave del encuentro?
No está en mis fuerzas, ni en el deseo.
En tu amada soledad que me llama
será un boleto, una selva por devorar,
mil horas más de quién sabe qué destino.
Te regalaría la ofrenda de mi vida,
flores salvadas de morir sin amor,
días en la espera de tu compañía,
viajes donde la alegría es vida:
cumbres, valles, lagos y mares,
lejana pampa o bosques tropicales.
Esta vida que cuentas como acaba,
este lazo invisible que no te amarra,
mis vanas palabras y tu cansado día…
Perdóname, mi amor, por no ser tuyo.
Déjame en cualquier vera sombría,
sigue sola tu bregado destino tangible.
Los sueños, sueños son… y despiertan.
Me quedo con tus alegrías, las que me diste,
saberme vivo para sentirte, creer verdad.
Propósitos y destinos que nunca quise,
hoy todo en mí te lleva conmigo, siempre.
Si no soy tu felicidad, no puedo ser tristeza,
pero déjame quedarme un poco más.
Aunque no me sientas, aunque no te llame,
quiero seguir buscando la llave del camino,
romper el hilo de sueños con un beso.
Necesito esto: tocarte en cada parte.
Ya sé abrir el botón de mi corazón,
tus páginas me guarden marchito.
Si nunca fue, no tiene principio ni fin.
El bello otoño, precursor del frío invierno;
mi eterno verano te alcance entre frazadas.
Que los despertares sean todos de ganas,
las noches, de cantos de cigarras.
Un año bajo la tierra no será nada.
Tu intenso enamorado clama su llegada.